Sebastian Castellani abre las manos, cierra de modo casi indivisible los ojos y mira de reojo al cielo. Estamos corriendo por el camino del Pan de Azúcar (en total, serán dieciseis kilómetros) cuando se larga a llover, en una mañana de finales de febrero. Le pregunto si cree en Dios: “Si”, me responde, sin lugar a la duda. “Pero para mí Dios no está en una iglesia, está acá, ¿Ves? En esta lluvia”.

No miramos el reloj, nuestro tiempo es para charlar. Castellani, 38 años, diseñador gráfico, maratonista, ultra maratonista y un tipo tan versátil como profundo y sencillo al mismo tiempo. Acaba de ganar el maratón de Miami en la categoría aficionados, con un tiempo de 2:41:02. Pero en la deconstrucción de ese personaje de adelante hacia atrás, Castellani encierra cosas mucho más profundas.

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Sebastian Castellani en una edición de Running Trip en la ciudad de Pinamar

Corrió ocho maratones en su vida, en Miami 2014 logró su mejor marca con 2:38. Pero lo que lo hace único, lo que lo fortalece, es la versatilidad de las pruebas que corre, en montaña y en calle. No sin adversidades, como lesiones pero también lo más difícil que le tocó vivir junto a la persona que más ama en la tierra, su hijo Baltazar, que nació prematuro y estuvo cuarenta y dos días internado en un neonatal. Cuarenta y dos, si. Le pregunto si se dio cuenta de esa simbología. Se ríe, como lo hace durante toda la nota mientras corremos: “No, ¡Es verdad! Es muy loco lo que decís”. Como también es muy loco que elija coincidir todo el tiempo la numerología, como que haya empezado a correr a los veinticuatro años, como cualquier tipo que juega al fútbol, y hoy tenga cientos de medallas de todos los colores, en la montaña y en la calle.

“Empecé a correr para complementar el fútbol, pero me di cuenta que me gustaba competir”, dice Sebastian. Le pregunto si él se preguntó qué pasaba si empezaba a correr antes: “Claro, tengo una anécdota, en el secundario, cuando gané un mil quinientos. ¡Pensar que me vine a estudiar a Córdoba y nunca más pisé una pista!” Siempre me pregunto qué hubiese pasado si contaba con un referente desde chico en el atletismo, un entrenador. Pero ojo, quizás hubiese largado al poco tiempo, o no disfrutaría todo lo que me pasa ahora”. Su rapidez para correr y su sed de competencia encuentran sustento en aquella prueba de pista, aunque empezó por la que hoy es uno de sus grandes amores (además de Cecilia, claro): la montaña.

“Mi primera carrera fue para divertirme con amigos, en La Cumbre. No había entrenado, menos me imaginaba todo lo que iba a venir después.” Cuando se anotó en el equipo de Martín Barbeito le transmitió esa necesidad que había experimentado desde chico, casi sin saberlo. Quería competir, ser rápido, pero también le gustaba la montaña. Ningún problema, Castellani comenzó entonces a doblegar en aquellas disciplinas tan parecidas y diferentes a la vez. Cuando tiene que preparar alguna carrera de trail, prácticamente se interna en las sierras de Córdoba. En cambio, si en la planificación está una carrera de calle, su entrenador lo baja a la pista a puras pasadas. Además de ser protagonista en cada carrera que corre, también lo es desde afuera, ya que desde hace un año forma parte del proyecto Running Trip junto al conocido fotógrafo de running Diego Wiñitzky, un circuito de carreras de montaña que conjuga aficionados con elites y running para toda la familia, cubriendo todas las expectativas de un día corriendo en la montaña o cross country.

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El símbolo de esa versatilidad para correr en 2018 está más expuesto que nunca. Corrió en Miami con una gran actuación y también lo hará en agosto en los Alpes cruzando Italia, Suiza y Francia, para la tradicional UTMB Ultra Trail de Mont Blanc, una de las pruebas de trail más prestigiosas del mundo a la que clasificó después de haber obtenido muchos puntos gracias a un puñado de carreras de montaña en las que ganó e hizo podio, en distintos puntos de Córdoba y el país. A esa cualidad, Sebastian Castellani le suma otras fortalezas. “La templanza y la disciplina podrían ser otras”, dice, casi con timidez, este cordobés de Monte Buey que en promedio corre 80 kilómetros por semana hasta subir a 130 en los meses previos a una competencia.

Por suerte Cecilia, que es maestra jardinera, no solo lo acompaña, también lo incentiva. Juntos cuidan de Baltazar y se hacen tiempo para disfrutar juntos, sobre todo cuando ella lo puede acompañar a él en algún viaje, como el de Estados Unidos. “Ella me entiende en todo, mis carreras, entrenamientos, todo el sacrificio que tengo que hacer por esto. Sabe que es lo que más me gusta”. Sabe que Sebastian quiere -y no admite otra opción- correr toda la vida.

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Sebastian Castellani, ganador del Maratón de Miami en la categoría aficionados – Foto Steff Bch

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