Alberto Salazar, cuatro años suspendido por dopaje

Alberto Salazar, el controvertido entrenador en jefe del Nike Oregon Project y ex atleta de elite cubano-americano (ganador del maratón de Boston en 1982 y tres veces en Nueva York), fue suspendido esta semana por la USADA (Agencia Estadounidense de Anti-dopaje, por sus siglas en inglés) para desempeñarse como entrenador durante los próximos cuatro años.

Alberto Salazar, en sus épocas de atleta de elite, con el uniforme de Oregon. En un maratón de California estuvo cerca del colapso por la exigencia a la que acostumbraba someterse (también le pasó en una calurosa Nueva York, durante una de sus victorias). Años después, le daría un infarto después de un entrenamiento que finalmente lo retiraría.

El martes, la web del NOP amaneció con un comunicado de Salazar en donde asegura que “Jamás cometió dopaje (…) y que tanto sus atletas como él están limpios”, haciendo foco en los protagonistas secundarios de la historia, sus atletas. Si bien los nombra como potenciales copados (el caso de Dathan Ritzenhein), la USADA no los acusó alegando que además de no tener pruebas, sospecha que “no sabían sobre las prácticas de su entrenador”. Además, Salazar adelantó que apelará el fallo. En 2015, al momento de abrirse una investigación inicial a raíz de un escándalo destapado por BBC y ProPública, escribí este perfil sobre Alberto.

Cuál es el fallo de la USADA y de qué se lo acusa

La suspensión de cuatro años tanto para Salazar como para Jeffrey Brown, médico endocrinológo del Oregon Project, es por tráfico de testosterona, administración de método prohibido de infusión intravenosa de L-Carnitina (para mejorar la resistencia) y manipulación de datos. El informe de la USADA dice que además de suministrarles grandes cantidades de L-Carnitina a los atletas a través de infusiones intravenosas (200ml en vez de 50, lo permitido), Salazar y Brown intentaron persuadir a la federación británica de que empleara ese método con Mo Farah, quien dejó el proyecto en 2017 para volver a Inglaterra y entrenar con el marido y entrenador de Paula Radcliffe, que realizó un tibio comentario sobre el caso. Farah fue acusado de saltarse un control anti-doping en Etiopía, pero nunca pudo demostrarse y la investigación fue cerrada.

La investigación, en principio, no compromete directamente a los atletas aduciendo que no podían presuponer o saber sobre las violaciones de las normas anti dopaje que les aplicaban. Link al fallo de la USADA.

¿Qué pasó con las demás acusaciones?

No tengo claro qué pasó con el resto de las acusaciones: administración y provisión de Cytomel en Kara Goucher (medicamento para perder peso post embarazo, prohibido) y prednisona, un médicamento para tratar el asma de Galen Rupp. De esto último surgieron análisis de sangre sospechosos de Rupp, quién se manejó, al igual que Salazar, siempre con perfil bajo y mucho hermetismo. Actualmente, Galen Rupp es el único atleta del NOP que permanece bajo investigación abierta. En una segunda nota que escribí, intenté adentrarme en los métodos que utilizó Salazar, y que fueron denunciados por algunos de sus ex-atletas (Kara y Adam Goucher, Tara Erdmann) y su ex asistente, Steve Magness. Por ejemplo, que Salazar usaba a su hijo Alex, en complicidad con el médico ya fallecido Loren Mhyre, como “ratón de laboratorio” para explorar zonas grises.

¿Cómo sigue la historia en el Oregon Project? 

Nike, que tiene a Salazar como empleado desde que se retiró en los 80’, emitió un breve comunicado apoyando la apelación de Salazar. Según el informe siempre estuvieron al tanto de las investigaciones e incluso Mark Parker (CEO) se involucró, según esta nota del Wall Street Journal. Por el lado del Oregon Project, que tiene su base en Beaverton, hay que aclarar que Alberto Salazar no era el único entrenador del equipo, sí era el jefe. Quien reclutó y entrena a las últimas grandes incorporaciones es Pete Julian, su assistance coach, quien tomó un papel relevante en las últimas horas y por el que algunos de los corredores decidieron postear en sus redes para apoyarlo, como es el caso de Craig Engelsa quien entrevisté en 2018– o Shannon Rowbury. Mientras Salazar cumpla la suspensión, el Oregon Project no está impedido de seguir sus actividades normales, en este caso por Julian o cualquier otro entrenador o entrenadora. La USATF también salió a hablar con este comunicado.

Los atletas

Sifan Hassan, Yomif Kejelcha, Craig Engels, Konstanze Klosterhalfen, Donavan Brazier, Jessica Hull, Clayton Murphy son algunas de las caras nuevas del NOP e incluso muchos están en plena competencia en Doha, como el caso de Hassan, que ya consiguió el oro en 10.000m y disputará la final de los 1.500, o “KoKo” Klosterhalfen, que estará en la final de los 5.000. Por el lado de Donavan Brazier, acaba de ganar los 800m con récord estadounidense, en la carrera de su vida. Si bien Jordan Hasay y Rupp están confirmados en el maratón de Chicago el 13 de octubre (Rupp lo ganó en 2017 y Hasay fue tercera con el segundo mejor tiempo ejecutado por una estadounidense en toda la historia), habrá que ver cómo les repercute la exposición mediática del tema. Otros, como Farah o Centrowitz decidieron dejar el equipo, el primero en 2017 y el segundo en 2018. Ambos adujeron motivos profesionales, pero con la explosión del escándalo, todo hace pensar que los motivos también eran personales. Así las cosas, el mundo del atletismo en occidente está convulsionado por el caso Salazar y atletas mayormente estadounidenses como Jenny Simpson, Nick Willis, Emma Coburn, entre otros detractores de siempre, salieron a repudiarlo.

Mi opinión personal

Si bien lo de Alberto Salazar me parecía previsible y hasta lógico (cualquiera podía deducir que, cuanto menos, realizó prácticas peligrosas en sus atletas que ellos mismos reconocieron), me pregunto qué pasó con algunos de sus atletas que estuvieron en el ojo de la tormenta, como Farah. Distinto es el caso de Galen Rupp, que sigue bajo investigación. Es decir, se sanciona al entrenador pero no se pone en foco a los atletas. Me resulta difícil creer que -no todos- pero la mayoría desconocía esas prácticas y por consiguiente, la posibilidad latente de estar dopados. Me gustaría equivocarme ya que por años seguí al equipo y hasta pude conocer a algunos de ellos personalmente, incluso alegrándome por sus conquistas. Pero no puedo bajo ningún punto de vista no reservarme el derecho a la duda.

Creo que el sistema en el que vivimos, hiper consumista de récords y shows en el deporte, necesita de chivos expiatorios para saciar el hambre de moral que selectivamente y temporalmente nos asalta. Este caso, con años de investigaciones en la USADA y a la par en medios con tanto impacto como New York Times o la BBC, Me recuerda al caso Lance Armstrong, que sobrevivía en un ecosistema de dopaje permanente como es el ciclismo (sí, como es), y sólo él fue juzgado. No los exculpo, ni a él ni a Salazar, sólo me pregunto; si quisiéramos realmente desterrar las prácticas desleales y deshonestas y acabar con las injusticias en el deporte, ¿No sería mejor empezar desde bien arriba y abarcar a todo el espectro? Salazar fue encontrado culpable al menos en una instancia y eso es muy válido, pero si realmente cometió dopaje, hay ahí afuera muchos cómplices en todos los estratos. Quizás lo que el mundo necesita es esto, breves cazas de brujas y algo de hipocresía mientras el show continúa con los fuegos artificiales de un Doha con estadios vacíos, petrodólares y mucho silencio.

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